¿Una zona de libre comercio entre EEUU y la UE?

Blog de Finanzas y Economía

Analista financiero online Pedro J Garcia

 Escrito por Pedro J. García

28 marzo, 2016
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3 minutos de lectura

El TTIP es el acrónimo en inglés del Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión. Es un acuerdo que se negocia entre EE.UU y la Unión Europea, para crear una zona de libre comercio entre este país y el viejo continente. Esto supondría, según los firmes defensores, que se podría explotar el potencial de un grandísimo mercado generando oportunidades de crecimiento económico que favorecerían la creación de empleo, mediante un mejor acceso al mercado en ambas zonas, dado que se marcaría una pauta normalizada y una compatibilidad reglamentaria.

Por tanto una empresa radicada en la UE podría acceder a vender con menos problemas y barreras arancelarias de las que hay en la actualidad al mercado americano, y al revés, con una normativa más homogeneizada de la que también existe ahora mismo.

Desde este punto de vista, ¿cómo oponerse a un acuerdo que favorecerá crecimiento económico, y ello conllevará la creación de empleo?; sobre todo en  los países como España donde la tasa de paro es absolutamente vergonzosa.

La libre competencia, según Adam Smith, es el medio más idóneo para la economía y por tanto un tratado de estas características serían una oportunidad para muchísimos agentes que actúan en el mercado, que de forma directa o indirecta se verían beneficiados. La economía lo mueve todo o casi todo, de forma que decir esto, es decir que este acuerdo beneficiaría a todo el mundo.

Entonces, ¿cómo se explica que en la mayor parte de medios en los que se ha tratado esto, exista una gran oposición?; a poco que se busquen informaciones, 1 de cada 10 serán con argumentos favorables a la firma, y de hecho se han producido muchas manifestaciones contrarias.

La explicación, en mi opinión, está quizás más en la forma que en el fondo. Hay un par de cuestiones sobre todo que hacen que exista esta firme oposición: una de ellas es que las negociaciones se están llevando en secreto y esa falta de claridad, como es lógico, genera desconfianza. La segunda es que en lo poco que transciende, se indica que se crearía un tribunal de arbitraje para resolver conflictos entre intereses privados y estados, es decir, que no sean tribunales públicos los que juzguen denuncias de los posibles inversores, y esto deja en “cierta” indefensión a los estados frente a las todopoderosas multinacionales.

Pero he aquí que damos por bueno que cuando los estados imponen su poder, es la justicia la que se impone, porque si el sistema político es una democracia, es la voluntad de los ciudadanos y no la del estado. Esto es bastante incierto, y tan malo puede ser que se juzgue un hecho, sea el que sea, por jueces nombrados por políticos, a que dicho hecho sea juzgado por tribunales de jueces nombrados por intereses privados (como parece se recoge en el tratado). En cualquiera de los dos casos, la justicia quedará doblegada a los intereses de los que nombraron el tribunal. Seguramente habrá un término medio, en el que se resuelvan conflictos sin posiciones dominantes, y con independencia (quizá es mucho pedir).

En cualquier caso, si esos dos “escollos” se solucionaran, la firma de este tratado genera una gran oportunidad para muchas empresas, pues accederían con menores obstáculos a un mercado que demandaría sus productos y servicios. También existen gran cantidad de testimonios de empresas, deseosas de que se llegue a un acuerdo, y no tan temerosas de que los estados pierdan poder, como se alega desde los que se oponen. Indican que las grandes multinacionales legislarán por encima de los gobiernos de los países.

Desconozco que pueda ser así, pero si hay también una cuestión muy clara, y es que en una economía de mercado como la que vivimos, el consumo es la mayor parte de la misma, y el consumidor está en el centro de todo esto. Quiero decir que nadie te puede obligar a consumir uno u otro producto; si no estás conforme con que un producto entre en  nuestro mercado, pues con no comprarlo pones tu grano de arena; pero no se puede “obligar” a nadie a que no lo compre.

Y mientras en EE.UU,  ¿qué dicen?; pues Barak Obama ha mostrado el grandísimo interés que le suscita el TTIP, ya que ha firmado el TPP,  acuerdo de Asociación Transpacífico, ampliando el NAFTA (que era con México y Canadá), a países asiáticos, entre ellos Vietnam (hace 40 años que estaban terminando una guerra con ellos), y algunos países sudamericanos como Perú. Y esto en contra de la opinión de su propio partido demócrata, y por su puesto de los republicanos.

Este acuerdo abarca economías que suponen el 40% del PIB mundial, y el presidente de estados unidos terminará su mandato habiendo dado el giro al pacífico que quería, pues esto ser firmó en octubre de 2015 (a falta de un año para el fin de su presidencia).

Mientras en la Comisión Europea se discuten los términos del acuerdo con los Estados Unidos, su presidente firma un tratado similar, del cuál sería conveniente estar atento, pues aunque China, Corea del Sur e India, no están dentro del mismo, la puerta se la han dejado abierta, y por tanto claramente Europa se queda rezagada, comprometiendo seriamente la posibilidad de avanzar en las economías de cada país, y por ende en el empleo.

 

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